La biblioteca de Nag Hammadi: los evangelios enterrados en una vasija

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Códice de la biblioteca de Nag Hammadi

En diciembre de 1945, dos hermanos que buscaban fertilizante al pie de un acantilado en Egipto encontraron una vasija sellada. Adentro esperaba, desde hacía unos 1.600 años, una de las bibliotecas más importantes del cristianismo antiguo.

El hallazgo

Cerca del pueblo de Nag Hammadi, en el Alto Egipto, al pie del monte Jabal al-Tarif, los hermanos Muhammad y Khalifah Ali al-Samman cavaban buscando sabakh, una tierra rica que se usa como fertilizante. Encontraron una vasija de barro de casi un metro de alto.

Dudaron en abrirla: podía tener un genio adentro… o oro. No tenía ninguna de las dos cosas. Tenía trece libros encuadernados en cuero.

Según el relato que el propio Muhammad le hizo años después al investigador James M. Robinson, su madre usó algunas páginas para prender el fuego del horno. Lo que se salvó pasó de mano en mano por el mercado de antigüedades hasta llegar al Museo Copto de El Cairo, donde se conserva hoy.

Qué contiene

Los códices reúnen 52 textos escritos en copto, traducidos de originales griegos. Las copias son del siglo IV, pero muchos de los textos son bastante más antiguos. Entre ellos:

  • el Evangelio de Tomás, con 114 dichos atribuidos a Jesús;
  • el Evangelio de Felipe, que llama a María Magdalena “la compañera”;
  • el Evangelio de la Verdad;
  • el Apócrifo de Juan;
  • El Trueno, Mente Perfecta, un poema escrito de principio a fin en voz femenina;
  • la Sabiduría de Jesucristo, la Hipóstasis de los Arcontes, el Diálogo del Salvador y el Evangelio de los Egipcios.

Hay incluso un fragmento de La República de Platón.

¿Por qué alguien los enterró?

No lo sabemos con certeza. La hipótesis más difundida los relaciona con los monasterios pacomianos de la zona: en el año 367, el obispo Atanasio de Alejandría envió una carta que fijaba la lista de libros aceptados y pedía rechazar los demás. Algunos estudiosos creen que unos monjes escondieron estos libros para salvarlos. Es una hipótesis, no un dato confirmado.

Lo que sí sabemos es que estos textos quedaron fuera del canon que la Iglesia estaba definiendo en esa época, y que sin este hallazgo no podríamos leerlos.

Lo que cambió

Hasta 1945, casi todo lo que sabíamos de los grupos llamados “gnósticos” venía de sus críticos, como Ireneo de Lyon. Nag Hammadi nos permitió, por primera vez, leerlos en sus propias palabras. La edición completa en facsímil se publicó entre 1972 y 1977, y en 1977 salió la primera traducción completa al inglés, dirigida por Robinson. Dos años después, el libro de Elaine Pagels Los evangelios gnósticos los acercó al gran público.

Y en esos textos aparece, una y otra vez, una idea: el Reino está dentro. El Evangelio de Tomás lo dice en su dicho 3 (una frase que también aparece en Lucas 17:21).

Lo que no está en Nag Hammadi

Dos aclaraciones, porque se confunden seguido:

  • El Evangelio de María no forma parte de esta biblioteca: apareció antes, en 1896, en el Papiro de Berlín.
  • La Pistis Sophia tampoco: se conserva en el Códice Askew, en la Biblioteca Británica de Londres.

Y no hay que confundirla con los Manuscritos del Mar Muerto, hallados en Qumrán a partir de 1947, que son textos judíos de otra época y otro contexto.

Mi relectura

Ciertos caminos te encuentran en el momento justo, y esta biblioteca es la prueba: estuvo enterrada 1.600 años y apareció cuando el mundo empezaba a estar listo para escuchar estas voces. Para mí, la invitación es integrar las enseñanzas del Cristo Sophia y encarnar la sabiduría del sagrado femenino. Es lo que trabajamos en la Formación Camino de la Rosa.

Fuentes

  • James M. Robinson (ed.), The Nag Hammadi Library in English (1977; ed. revisada 1988).
  • Elaine Pagels, Los evangelios gnósticos (1979).
  • Atanasio de Alejandría, Carta Festal 39 (año 367).

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